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¿Cuál es la medida justa de deseo y frecuencia sexual?
Por:  / 25 junio, 2015
himero1
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(25 de junio, 2015).- Cuando se habla de deseo sexual y de frecuencia en las relaciones sexuales en una pareja, es común que exista el debate o la inquietud acerca de cuál es la cantidad justa de sexo que se supone que hay que practicar o cuál sería la intensidad adecuada de deseo sexual que debería sentir una persona.

Si uno presta atención a diferentes parejas, muy posiblemente observe que muchas de ellas están conformadas por personalidades muy diferentes entre sí. Muchas parejas de extrovertidos son introvertidos, muchas parejas de ordenados son desordenados, muchas parejas de osados son prudentes y cuidadosos, etc., porque es común que las personas admiremos en el otro aquellos aspectos que no tenemos tan desarrollados nosotros mismos. Como se dice popularmente, los polos opuestos se atraen.

En este contexto, no es nada raro que por ejemplo, una persona muy enérgica tienda a emparejarse con alguien más tranquilo, de quien admire su calma. En este caso, es posible que esta persona más enérgica sienta más deseos de salir, de emprender proyectos, de programar viajes así como también más deseo sexual que su compañero o compañera.

Merece especial atención de las parejas en estos casos, el conservar cada uno el respeto por su propio deseo y el de su compañero, evitando acusaciones y manipulaciones. Estas últimas muchas veces tienen su origen, no en las diferencias de deseo en sí mismas, sino en la falta de asertividad, es decir, en la dificultad para decir lo que uno siente y piensa sin sentir ansiedad ni agresividad. Entonces, por ejemplo, si siento que mi pareja está muy demandante con el sexo, para evitar decir que no y buscar un acuerdo, sugiero que su deseo sexual es excesivo y que probablemente padezca una adicción. O bien, si siento que mi pareja no está siendo complaciente con las demandas sexuales que tengo, sugiero que el o ella tiene un problema con su deseo sexual, la considero “frígida” y evito de esta manera la charla correspondiente en la que se buscarían distintas alternativas.

Como todo en salud mental, todos los excesos son patológicos y a su vez no existe el equilibrio absoluto, por lo cual si el deseo es demasiado intenso o demasiado débil, se hace necesario una consulta profesional para descartar patologías pero muchas veces el conflicto con respecto a la intensidad de deseo del compañero o compañera sexual guarda más relación con el modo de comunicarse que con el deseo en sí.

Una base para pensar si la intensidad del deseo es patológica es tener en cuenta si la misma interrumpe diversos aspectos de la vida de quien la padece, si incursiona en comportamientos riesgosos para su salud física o emocional o si pone en riesgo su relación de pareja.

Respecto a la disminución de deseo sexual, podemos prestar atención sobre cómo ha funcionado el deseo a lo largo de la vida de la persona, en qué momentos siente deseo y qué tipo de estimulación le sirve más para motivarlo. En caso de no encontrar respuestas a esos interrogantes sería necesaria una consulta y posiblemente un tratamiento posterior.

Pero en todos los otros casos, en donde el deseo de mantener relaciones de un miembro de la pareja es diferente al del otro y eso representa el problema a negociar de a dos, es importante mantener la calma y el respeto mutuo para transitar un acuerdo que sirva a los dos y que seguramente irá transformándose con el tiempo, abandonando las posturas rígidas pero no el cuidado propio.

Construir salud sexual y emocional en un vínculo de pareja no significa que uno de los miembros tenga que acomodarse al estilo del otro, sino que entre ambos puedan acercarse a un área común, construir en conjunto un estilo propio de los dos, no ya de uno ni de otro.

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